jueves, 28 de noviembre de 2013

Fuimos.

Ambos sabían que el otro sabía.
Sabían que caminarían y que ese día sería tal vez,
igual que al resto de su vida.
Las vías estaban intactas de hacían unos 4 o 5 años.
Él fue a esperarla ahí.
En el mismo lugar de cada mes. A la misma hora.
Al costado de la vía, el margen de toda su vida.
El tiempo a veces no existía.
Pero esa tarde sí que transcurrió.
Él miraba su teléfono, pero Ella no llamó.


Simplemente se habían cansado.


El de esperarla.
Ella de seguirlo.


Y así nunca más se cruzaron, ni siquiera al final del camino.



 

Penélope -MEC-

lunes, 25 de noviembre de 2013

Yo soy.

Y es hoy que mis ojos se cierran y puedo pensar, 
sentir que ya nada me va a superar,
buscando la fuerza donde no está,
el cambio que quiero, que necesito,
y detrás de sus ojos se que no se verá 
más que el recuerdo de un día feliz. 
Y no volveré a sentir esa brisa, 
que comenzaba de noche y terminaba de día.
Creyendo en nada, me siento más sola. 
Hablando sin escuchar, mirándolo sin mirar...
Creía en esa felicidad, estaba ciega. 
Escuchando a Germán cantar Como el viento,
me lloro bajo la lluvia, 
las mismas lágrimas que vos.
Intentando llegar más Cerca de las nubes
y creyendo igual que el cielo, 
que después de la tormenta siempre sale el sol.
Y me tropiezo de repente, con la nada, me dejo caer 
y ya no se donde volar.
''No es que dejemos de volar, solo que ya no vamos de la mano''
Me miro frente a un espejo y... ¿Que veo?
Emociones en silencio, gritos que enmudecen con el tiempo. 
No entiendo como yo pude llegar a esto.
Martina, sí, ¿Quien sos?
La chica de camperita y zapatillas rojas, de chupin negro.
La que le molesta que al resto les joda sus variedad en gustos musicales,
la que escucha Justin Bieber, ve Violetta y ama Las Pelotas,
la chica que se tiñe el pelo de colores y se hace trencitas en toda la cabeza.
La que tiene sueños re flasheros,
la que cambia de personalidad con el paso de las horas.
la vueltera, la melancólica, esa Martu...
La chica que es artista, pinta, dibuja, y es actriz,
la que compone canciones para sentirse feliz,
la que escucha música lenta para llorar más, 
la que ama la luna, la lluvia y la música,
la que alguna vez probó y le gustó el pucho,
la que le insistió a un amigo que lo dejara,
la que se dio cuenta que ESE no era un amigo, 
la que llora sensiblemente por una canción, un recuerdo, o un adiós,
la que llegó a su vida y sin darse cuenta fue LUZ,
la que tiene pocos amigos, muchos pasajeros, pero verdaderos,
la que canta de noche y sueña con viajar por el mundo,
la que entró a una carrera y la deja por otra,
la que se ríe como chancho, burro y bocina de barco,
la Martu de siempre, quizás de nunca, la chica común.. como un ser humano más. De la voz poderosa cuando se oyen las notas de una guitarra. La chica del camino de colores, de las flores, del amor, de la vida, de mi todo, el universo, el cielo, de mi sol.
Esa Martina, la chica que escribe, esa soy yo. 


Penélope
-MEC-




sábado, 2 de noviembre de 2013

La vida como un cálculo matemático.

Me siento con los ojos llorosos, como esa vez en clase, ¿”ESA” vez dije? Pffff... ¡Si me habrá pasado! Sentada en mi banco escolar, en la fila del lado de la ventana, junto a 25 compañeros más que prestan atención y hacen anotaciones... Mientras la profesora explica y hace cálculos, llenando el pizarrón de números, rayas, y símbolos extraños que muestran como resultado algo tan simple y que yo no logro entender.
-Se entendió?
No sé si es por el miedo a preguntar o si es que es tan fácil y yo la única sin entenderlo todavía.
-Sí. (Todos)
-N... no... (Yo)
-¿Qué no entendés Martina?
-Nada...
-Pero, a ver, ¿Qué es lo que te parece difícil?
-Todo...
Y así me siento hoy.  Sentada en una silla petisa, de madera, observando desde el rincón de mi vida  todo lo que sucede alrededor, todo eso que dibuja situaciones conflictivas ante mí, algunas que parecen fáciles de solucionarse y no lo es para mí. Observo a mis amigos, mis familiares, mis seres queridos. Bailando en ese pizarrón, que es mi vida. Y yo, que estoy en él también, dibujada de diferentes formas, también me observo desde afuera, sentada  en mi silla, sola. Y una voz superior me dice:
-¿Qué pasa, Martina? ¿Por qué tenes los ojos llorosos?
-Es que... No entiendo. ¿Por qué todo parece tan fácil, tan lindo, tan simple y después se torna difícil?
-A ver, ¿Qué es lo que te parece difícil Martina?
-Todo.
Llorando no soluciono nada, las lágrimas borrarían entonces los cálculos dibujados en el pizarrón, sin dejar rastros. Ni llegar a las soluciones. Ni saber si es el resultado correcto o no, siempre se puede corregir, pero si lloro, si lloro no puedo. El llanto me sirve solo para desahogarme y sentirme libre por un ratito, como la música. Pero no me ayuda a salir, solo a borrar todo y eso sería casi lo mismo que escaparse. Y si me escapo borrando el pizarrón, que representa mi vida... ¿A dónde voy?
A la muerte. Pero no es la solución. No voy a encontrar otro pizarrón que dibuje mi vida como yo misma lo he hecho.



Penélope