lunes, 23 de marzo de 2015

Siempre estará - versión publicada en Revista universitaria de la ECI "El ancla"


Corría el año 1976, como todos los años, la Escuela de Ciencias de la Información recibía nuevos alumnos. No era una época fácil para la Argentina y Córdoba no era la excepción. Sin embargo, la vida seguía pasando. Dos estudiantes de la escuelita se habían conocido ese mismo año, Fátima y Nicolás. Ella, de 18 años de edad, era hija de un militar; una joven preciosa, cariñosa y con una atrayente sonrisa. Con la misma edad, el venia de una familia humilde, un pelilargo con ideas locas y revolucionarias que amaba tocar la guitarra. El 24 de marzo del mismo año se anuncio que la Junta de Comandantes asumía el gobierno del país. La sociedad se volvió un caos, se impulsó la persecución, el secuestro y asesinato de manera secreta de personas con alguna ideología política, religiosa o revolucionaria que no coincidiera con las ideas de los militares en el gobierno, se intervinieron y cerraron facultades, así también la ECI. A pesar de que ya no tenían un lugar donde verse, Fátima y Nicolás siguieron encontrándose ya que habían descubierto que a través de la mirada, la voz y la música, se hacían visibles las melodías del amor. Luego de tres semanas de encuentros furtivos, el padre de ella los descubrió y les prohibió verse, pero esto no evitó que los enamorados cumplieran estas injustas órdenes. Una tarde Nicolás fue a buscarla, pero al llegar, se vio sorprendido por el padre de su amada, quien le advirtió alejarse de su hija, aconsejándole huir del país. Él podría haberlo desaparecido como a tantos otros, pero no, porque de alguna manera entendía ese amor juvenil. Así fue que, con temor y desgano, Nicolás se exilió a Uruguay, dejando a su amada una carta y un esperanzado ‘hasta pronto’.Poco tiempo después,  la madre de la joven descubrió las cartas que se enviaban a pesar de todo y preocupada ya por su hija, decidió ocultarlas. Treinta y seis años más tarde, Fátima ya se había convertido en una señora de 54 años, había estado casada unos años con un hombre que falleció tras dejarle dos hijas hermosas. Como siempre, recordando a Nicolás, ella sentía que el amor había sido sólo un fracaso en su vida.Una tarde de primavera, mientras escuchaba la radio, sucedió algo que le devolvió ese pedacito de pasado que ella sintió perder: el locutor presentaba a Nicolás García, un músico de 54 años que contaba cómo, en la época de la dictadura escapó al Uruguay por el golpe de estado instaurado en el país, dejando acá sus seres queridos y a una joven de la que estaba locamente enamorado. Con solo escuchar esas últimas palabras, Fátima, acurrucada en el piso cerca del parlante, lloraba recordando a su amor. Salió rápidamente hacia la casa de su madre que, conmovida le entregó aquellas cartas. Fátima sostenía ese tesoro con los ojos llenos de lágrimas y el corazón latiéndole a mil. Esa noche, Nicolás se presentaba en un club, al que Fátima decidió ir. Al llegar se ubicó en una de las mesas más cercanas al escenario, desde donde pudo reconocerlo. Ese pelilargo que alguna vez fue, se subió al escenario a cantar y ella comprobó en su mirada que su esencia era exactamente la misma. Guardaba la misma sonrisa, de aquel jovencito de 18 años, esa sonrisa de complicidad que se iluminó aun mas en su rostro al observar la señora sentada en una de las mesas más cercanas. Esa mirada, esa sonrisa... Se parecía a... ¿Fátima? 

Fin




1 comentario:

  1. wow, es una gran historia. Habeis escrito en aquellas líneas algo que se asemeja a lo real. ¿Te ha pasado a ti o es que lo has vivido de cerca? ¿Habéis conocido a alguien con esta historia?

    Saludos cordiales, desde Madrid.

    Raul Besada ♥

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